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¿POR QUÉ NOS ENFERMAMOS?

Todos deberíamos estar conscientes del porqué de que nazca una enfermedad en nuestro cuerpo. Esto nos permitirá entenderla, para luego comenzar el viaje de aprender de esta experiencia y sanar.


Con todo lo aprendido, puedo decir que una de las principales causas de cualquier enfermedad son nuestros desequilibrios internos a nivel psíquico, emocional y energético. Posteriormente, estos desequilibrios se depositan en el cuerpo como una enfermedad con cualquier nombre extraño puesto por la ciencia médica.


Si tan solo pudiéramos entender esto, y que vivimos desde el subconsciente cerca del noventa y cinco por ciento de nuestro tiempo… si tan solo alcanzáramos algunos niveles de consciencia sobre el cinco por ciento, muchas enfermedades no ocurrirían. Tendríamos el tiempo de darnos cuenta de ello y prevenir muchas alteraciones en nuestras vidas, y viviríamos libremente, tan solo de la mano de nuestra inteligencia pura. Pero, a veces, somos incapaces de verlo.


Reflexionando sobre mi experiencia y la de otras personas que han padecido diferentes tipos de cáncer, he logrado identificar algunas causas del porqué nos enfermamos:


  • Estar anclados en el pasado por traumas no resueltos. Fundamentalmente, experiencias que nos han marcado desde nuestra niñez, e incluso antes de nacer.

  • Emociones como el rencor y la tristeza. Las preocupaciones y las amarguras que vamos acumulando en nuestra mente y van llenando parte de nuestro interior, acumulándose en la memoria celular sin darnos cuenta.

  • Reprimir nuestras emociones y no darles salida, lo que finalmente ocasiona una bomba de tiempo que en algún instante explotará. Y, cuando lo hace, ya la enfermedad fue creada.

  • Asumir problemas o responsabilidades que no nos pertenecen, provocando que otras personas no sean capaces de solucionar sus propios problemas. Vivir constantemente preocupados por el entorno, impidiendo que cada persona solucione sus propias dificultades.

  • No soltar lo que ya no existe y vivir aferrado a una situación, hecho o persona en particular, que puede ser nefasto para nuestra existencia, afectando nuestras relaciones.

  • El miedo que se va acumulando en nuestra mente o en nuestro inconsciente, y que no nos permite tomar decisiones con claridad.

  • Las personas tóxicas con las cuales muchas veces nos relacionamos y que nos envían energías malsanas.

  • Las culpas y rabias acumuladas, a las cuales no hemos dado salida en forma oportuna, y que acaban transformándose en resentimiento.

  • Nuestro pensamiento, y luego nuestra lengua, que decreta estados sin muchas veces estar consciente de ello para ser cambiado.


Puede haber muchas más. Estos son las que he podido identificar en mi persona y en otros.


Otras causas tienen que ver con el tipo de alimentos que ingerimos, el consumo de cigarros y el entorno que nos rodea, que puede contener un alto grado de contaminación y productos tóxicos que ingerimos.


Cada persona, si se encuentra en un estado de enfermedad, debe ser capaz de explorar y explorarse, para identificar cuál es el origen de la dolencia que le aqueja. Nuestro cuerpo es la vía para ello, pues es quien sufre el primer impacto con los embates de la enfermedad, aunque a veces suele ser de un avance silencioso, y nos damos cuenta cuando ya nos queda poco de vida. Aun así, siempre podemos hacer algo. Los milagros existen, si creemos en ellos.


También nuestro sentir es muy importante, algo que olvidamos con frecuencia, sobre todo cuando navegamos por la vida en piloto automático y no reparamos en las emociones que nos invaden y que acumulamos, sin prestarles atención.


Estar consciente y despierto tiene relación directa y estrecha con prestar atención a nuestro interior, a nuestro cuerpo y a nuestro sentir. Con ello, no pretendo dar una cátedra de las emociones y cómo estas se asocian a nuestros órganos. En la cultura oriental hay esquemas que reflejan esto, solo debemos buscarlos, y, más aún, saber que hay emociones que son nefastas para nuestra salud, como la tristeza, el miedo y la ira.


Podemos identificar los síntomas de nuestro cuerpo en estados de meditación, prestando atención a cada parte y a cada órgano. Recordemos que el cuerpo tiene un lenguaje del que debemos estar conscientes, y esto lo podemos lograr a través de la práctica y comunicación con él.

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